El Hombrecillo

El hombrecillo salió del culo, meditativo y sobre todo con temor a lo que podía encontrar, se percató, al apretar los labios, que podía sentir otros estímulos estéticos que jamás había sentido ni soñado.
La experiencia estética, fue tan densa que descubrió que era un ser fuera de este mundo, que era más que un habitante anal, era sobre todo el primer individuo en meditar tales goces existenciales. Alzo la cabeza al cielo y dijo:
-soy algo más allá de este mundo carnal.




Saliendo de la boca del culo, descubrió que había todo un mundo por delante, a pesar de su aprisionada vivencia, carente de toda conexión con el mundo exterior, se propuso comprender todo lo que lo rodeaba.
Rápidamente aprendió de literatura, historia, sociología, antropología y toda pendejada que terminara  “logía”.  A pesar que mal interpretaba cada una de ellas,  pero él se sentía magnánimo con todos los conocimientos que adquirió o creía haber adquirido.



Después de varios años de carrera y denominarse a sí mismo el “outsider”  cayó en una profunda crisis, que radicaba en el ejercicio de su profesión, ¿Qué hacer? Era la pregunta que cavilaba sobre sus semblante, pensó de inmediato, ocupo una cerveza para mejorar mis ideas (tomado de un estudio, de otro estudio de la universidad de “neverwhere” ¡Qué la cerveza ayudaba a pensar!)
En el calor de la bebida espumosa, surgió una gran idea dentro de su abismal  pensamiento, claro abismal, por que se ocultaba la coherencia. Inmediatamente, sobresalto de su estado y dijo en voz alta, mientras apretaba fuertemente la cerveza.
-¡Está decidido seré periodista!


Inspirado en todos aquellos grandes formadores del pensamiento humano, que enaltecieron tan bella profesión.
Ese día, fue el momento que marcó un hito histórico para la sociedad mundial, las redes sociales se colmaron de seguidores de sus artículos de opinión, a tal grado que fue traducida en todos los idiomas, menos en su idioma natal, pronto el New York Time, le ofreció una propuesta que no pudo negar; un solo apartado para él, sobre opinión política y de vez en cuando periodismo investigativo.
Nuestro hombrecillo, se dio cuenta que estaba listo para las grandes ligas, el contra este mundo volátil he increíblemente complejo, en su cabeza la idea de la objetividad era su normativa a seguir,  su pan diario hasta su dios.

 Izquierda, derecha o centro no importaba,  guerra sin cuartel, como la premisa para el cambio para concientizar a la población de un buen criterio, su criterio, su verdad y su dirección. Los demás analistas y expertos en el asunto eran inútiles, él era dador de la verdad.
Los halagos llegaron de inmediato, cientos de “me gusta en Facebook”, cientos de enlaces compartidos y por un momento sus reportajes se hicieron Trendig Topic. Su fama crecía conforme trascurrían  los días, era imparable tanda sagacidad en solo hombre. De pronto un día cualquiera se topó con un anciano, de aspecto similar a un indigente, su barba que relataba los pasos del tiempo en esta tierra.

El anciano, al verlo le dijo:
-¿Tú eres el hombrecillo?, ¡Verdad!.
-¡Por supuesto! Vocifero mientras lo miraba con desdén.
-Lo supuse, dijo el anciano también dicen que ¿Eres un genio?
¡Claro que lo soy! A mi corta edad he superado y alcanzado puestos descomunales, he escrito  en las mejores revistas y periódicos del mundo.
El anciano, incomodo por tanta arrogancia desmedida le dijo:
-He leído tus artículos.
¡Ha! Suspiro el hombrecillo, mientras miraba de reojo al maltrecho hombre.
-¡Ya veo! se educó un poco.
El anciano sonrió y respondió.
-Me parecen tabloides pretenciosos, sin un juicio determinado y poco coherente.
El hombrecillo, se puso colorado de pies a cabeza.
-Usted es un simple vagabundo, ¿Qué sabe del mundo? Si hubiera sido un académico, pues le permitiría el agravio, ¡Pero es y siempre será! Un pobre desamparado, inmediatamente y con pasos alterados se marchó.
-La juventud arrogante susurro el hombre, humedeció sus labios y en vos suave y paciente exclamo: ¡Los genios cambian el mundo!

Poco más de dos años, nuestro ilustre personaje gozaba de un particular pasatiempo, comprar el periódico y corregir con marcador rojo, cada uno de los errores de sus homólogos, al dar vuelta  la página, observo. Que aquel hombre maltrecho, estaba en uno de los encabezados, al leer el reportaje se dio cuenta que el sujeto inoportuno era una gran pensador, reconocido por muchas universidades y la comunidad científica.
El hombrecillo, quedo atónito al ver tal cruda noticia y exclamo mientras estrujaba el periódico y lo depositaba en la basura.
-¡Menos mal que ya no está entre los vivos!

                                                                obra en conjunto con Lia Vallejo





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