¡La violencia machista, la mató!
¡La violencia machista, la mató!
Los patrones se fueron hace un
par de días y me dejaron cuidado la casa.
-segura que vas a estar bien vos
sola ¿no te da miedo?
-No se preocupe mamita que dios
me va a proteger.
-¡Bueno¡ que dios te guarde mija.
-Gracias mamita, la casa se siente
sola cuando los ustedes no están, pero no se preocupe hay vigilancia privada y aquí
no pasa nada.
-Bueno mija cuídese.
Nunca pensé narrar mi propia
muerte, ahora me toca vagar en las calles de Tegucigalpa y contar mi historia que
no solo me pasó a mí, si no a muchas que somos asesinas por ellos.
Después de colgar el teléfono y
hablar con mi madre - fue inconscientemente una despedida-recuerdo que salí a
comprar una recarga para meterle un paquete de llamadas a mi celular, nunca
tuve desconfianza, ni temor de salir de noche, la residencial donde trabajaba
por lo general era segura, su vigilancia siempre estaba presente en la entrada
y en la salida. Daba de alguna manera sentirte segura; tomé las llaves que
estaban en el desayunador, no iba a demorar mucho, las luces seguían encendidas
esperando mi llegada.
Recuerdo bien esa noche, los faroles
alumbraban un amarillo tenue que combinaba con la noche; esos colores cálidos y
oscuros que nos adormecen la mirada, era parte del recorrido, los hogares por
donde pasé se observaban a las familias esperando la cena. Había niños jugando,
despreocupados por todo lo que les rodeaba. La pulpería me quedaba un poco
lejos de donde vivía, un aproximado de dos cuadras fue lo que camine ese día.
La única parte que daba miedo del
camino era una salida boscosa que dividía una etapa de la residencial que nunca
terminaron de construir. Cuando llegue a la pulpería, me toca hacer una espera
debido a que había personas haciendo sus compras y entre ellos estaba un
personal de la guardia de seguridad. Por lo particular no me agradaban mucho,
siempre tiraba piropos repulsivos o insinuaban cuestiones sexuales sobre mi
apariencia.
Cuando llegó mi turno no me demoré
en lo absoluto, ¡pagué de inmediato! Para llegar rápido a la casa, al momento
de partir unos guardias se quedaron viéndome de reojo. Nunca imaginé lo que iba
a suceder, cuando llegué a la zona boscosa me sujetó fuertemente y tapó la boca
mientras me decía:
- ¡Ahora sí¡ no me vas a decir
que no!.
Mientras me decía esas palabras
sentía todo su aliento repugnante en mi cuello, no podía gritar ni forcejear.
Nadie notó que él me llevó al páramo desolado, todo paso tan rápido, me tiró al
suelo y mientras se bajaba el pantalón en eso momento intentó besarme, solo
recuerdo que mordí su lengua tan fuerte que un pedazo se vino conmigo; se
enfureció tanto que cerró su puño y me pegó de tal forma que mi cuerpo quedo
boca abajo.
No pude moverme, mi cuerpo quedo tendido
en el montarral. Lo último que sentí fue un golpe en mi cabeza y desperté
viendo mi cuerpo y al guardia de seguridad con una piedra en la mano cubierta
de sangre. Lo ultimo que hizo fue escupir mi cuerpo y decir:
¡Esto te pasa por no ceder!
Tres días tardaron en encontrar
mi cuerpo, las luces quedaron encendidas esperando mi llegada, esperé todo ese
tiempo viendo mi cadáver cubrirse de moscas y esperar señales de que fuese
enterrado dignamente para no morir con un perro. Hasta que llegó la policía la cual
solo cubrió mi cuerpo con un trapo.
Después de eso caminé por toda la
residencial, la vida continuó; los niños y niñas siguieron jugando sin
perturbaciones, y las familias esperando a sus padres para cenar. Regrese a la
casa y mis jefes ya había contratado a otra persona, mi habitación y mi cama
yacían a la espera de mi sueño nocturno, mi mamita quedó esperando la llamada
habitual que siempre teníamos.
Mamita enterró mi cuerpo,
ajustando a duras penas mi ataúd, los encabezados de los diarios no dijeron
nada, solo una pequeña nota, ese fue el único registro de mi existencia.

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