Sobre la violencia

De un mundo violento nace el anhelo a la vida, 
¡Vivir sobre todas las cosas! como la oposición permanente a decirle ¡No! A la muerte. 

 Te lo dice un hondureño que vive en el país (sin guerra)  más violento



Es innegable que vivimos en un mundo extremadamente violento, donde los derechos del ser humano, cada día se hunden en los intereses económicos y personales en donde la violencia, es parte de cada escena de nuestras vidas. La cultura de las notas rojas mantiene vivo, el morbo de revivir el sufrimiento humano, de encarnecer por medio de cualquier link, nuestra decadencia como especie.

Caminamos ante la vereda, destruyendo cada objeto con vida que encontramos y si nos fastidia simplemente legalizamos esas atrocidades. Como si nuestra historia, se cimentara en la violencia, como si el único motor de cambio de las sociedades, fuera nuestra sangre derramada por siglo y siglos de evolución social



Una historia que nos relata el ejercicio del poder desmedido, brutal, clasista he inhumano en la que hemos sido sometidos desde que tenemos conciencia y lo seguiremos siendo. Nuestra cultura es la violencia, la llevamos a la casa, la cargamos a todas partes donde vallamos, ni las religiones se escapan de este concepto, todos y todas devoramos almas sin cesar.


El mismo dios
 que prohíbe que los hombres se asesinen unos a otros es el que
 ha establecido que la muerte es el precepto universal que prolonga
 la vida: morimos para que los demás puedan vivir.
Fernando Savater


El beso que robamos, los abrazos sin aprobación, todo lo que tomamos a la fuerza, se traduce que acto de violencia, todo aquello que se arrebata y goza de una acción sin consenso, sin el consentimiento del –otro- el rival, el que te puede quitar el trabajo, el que estudia más, el sobresaliente, el que puede robar tu pareja; aquel el cual tienes que sobrepasar de cualquier manera.
Nuestro mundo ama la violencia, se masturba por ella en las noches mientras nuestros cuerpos descansan en el letargo, nuestro mundo inmisericorde, que te educa para ganar y no para aprender, el que te pide –se más competitivo- cueste lo que cueste.



-Ese es el mundo en que hemos nacido, el mundo que no queremos cambiar-

El mayor crimen está ahora, no en los que matan, sino en los que no matan pero dejan matar
José Ortega y Gasset


Nuestra empatía es la ceguera universal, ese sentido de comodidad que nos han hecho creer en nuestros medios de comunicación o nuestros mundo alternos en el plano digital, es más fácil dar un pulgar arriba que ayudar o ayudarnos, se vuelve más fácil compartir una publicación, que compartir parte de lo que tenemos. Una sociedad cínica vanidosa y sobre todo idiota que sigue enajenando, al que se lo permite. (No te sientas ofendido u ofendida yo también soy enajenado)


Una sociedad que construye arquetipos constantemente, solo hace falta re-valorar los –Instagram, Facebook y las demás redes sociales; ¡El culto a la personalidad! Odiamos lo que, no se parece al canon de la belleza actual, pero no odiamos la injusticia. Amamos ver cuerpos esculturales hermosos en cada sentido, sin importar que tengan filtros o sean –full-Photoshop- descartamos y volvemos poco visibles, las demás imágenes que pretenden verdad. Porque nos gusta vivir con engaños, con falsas promesas. ¡Creo que por eso creemos en los políticos!

Acaso, no es más terrible el que tapa sus ojos, que él me mata, roba o viola, cuando perdimos el interés, todos le echamos la culpa a la tecnología, mas sin embargo está diseñada para unirnos,  somos nosotros, que anteponemos pretextos y objetos para terminar de alejaros de nuestro mundo.

Somos los que jalamos el gatillo, y culpamos al que nos entregó el arma, somos los que encendemos la mecha, para sentarnos plácidamente a ver como arde el mundo. ¡Ha! Claro, no es cierto, la culpa la tiene el –otro- ¿Él que creé en las religiones o el ateo? Probablemente el que no toma partido, sea cual sea, ese el que es ajeno a nosotros, es el culpable aunque sea nuestro enemigo o no exista. ¡Él tiene la culpa!


…el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo conquistan por la fuerza…
Mateo 11;12

Todas las religiones hablan del amor, aunque no lo practiquen las 24 horas del día, los siete días de la semana. Un amigo muy querido dijo una vez: Todas las religiones  son fálicas, menos el budismo, todas quieren conquistarte, todas quieren penetrarte, ya sea por la fuerza o la vía del amor trascendental, ¿Qué acto más violento podría ser esté? acabar con tu criterio, con tu voluntad y claro si eres ateo te crees simplemente mejor, burlándote de ellos y te enojas, con los religiosos, por que no piensan como tú.
-¡Diablos! ¿Qué putas hacer entonces?-

¿Nacemos para violentar? Me recuerda la célebre frase de Rousseau, -el hombre nace bueno y la sociedad lo corrompe-  ¿Nacemos buenos?, ¿Nacemos malos? La respuesta obviamente dependerá de tú postura. Entre más vivimos, entre más avanzamos en esta sociedad, nos orillamos a los cánones estereotipados, nos enamoramos del malo del chicho o la chica mala. Toda la orquestación, de nuestros pilares culturales básicamente “occidentales”;,tiene esa premisa de yuxtaponerse a nuestros sentidos, seduciéndonos y empujándonos, para repetir la cadena.


Vivimos en el mejor de los mundos posibles, susurro  Cándido al recordar  la frase
 de su maestro Pangloss.
(Parafraseado de la novela original Cándido o el optimismo, Voltaire)


Perfectamente puedo terminar el comentario, con una frase épica que nos aliente o nos persuada del cambio. En efecto les comparto este Koans de budismo Chan:

El efecto mágico de no hacer nada
El Maestro Tao Shu era miembro de la escuela chan del Norte, fundado por Shen Hsiu. En cierta ocasión, él y un grupo de discípulos fueron a hacer un retiro a las montañas para practicar el chan en soledad.
Un espíritu maligno empezó a acosarlos día y noche, apareciéndoseles bajo diversos aspectos, como un sucio mendigo, un Buda, un bodhisattva o un monje, o produciendo luces y sonidos mágicos. Los jóvenes monjes estaban asustados y a punto de volverse locos a causa de lo exagerado de muchas de sus travesuras diabólicas. Pero una mañana, tras diez años de inventar estratagemas, el espíritu desapareció de repente.
-Ese malabarista hizo muchas de sus estratagemas con el propósito deliberado de engañar vuestra mente -explicó el Maestro.- Sólo había un recurso contra sus estratagemas: no hacer nada. Esto significa no ver nada, no oír nada. Incluso una infinidad de estratagemas tienen finalmente que agotarse, pero el método de no hacer nada es infinito y puede ser empleado siempre.

Fin.






  

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