“Sedita y cooperando”



“Sedita y cooperando”
Muchos de nosotros escuchamos esta frase, tal vez en la escuela, en colegios, en los pasillos de los edificios de la universidad o en pláticas casuales con nuestros amigos. Una vez escuché a uno de mis compañeros de ciclo común que dijo:
-Para evitar una muerte o mala experiencia, si te violan es mejor estar “sedita y cooperando” aflojar el calzón para que no te pase nada.
Como si la idea del disfrute sexual fuera el mismo bajo la imposición de una persona ajena a tu privacidad, a tu libertad, al derecho de elegir y decidir sobre nuestro cuerpo. Ahora que lo pienso bien me parece una frase aterradora, que es parte de la educación machista que se nos inculca en cada escenario de nuestras vidas, como si el sexo sin consenso fuera algo “rico” o placentero.


El caso de Silvia Izaguirre es el claro ejemplo, cuya coyuntura fue utilizada por un periódico amarillista aseverando que es mejor ser violada que asesinada, citando textualmente el Tweet de La Tribuna: Silvia Vanessa amaba la vida y prefirió perderla antes que ser ultrajada.[1] Pero no es primera vez que la prensa tenga comentarios tan idiotas en torno a la percepción de la violencia de género.
Vale recordar que para finales del año pasado el dueño de HCH[2], Eduardo Maldonado en una cobertura realizada sobre la crisis post electoral en Honduras menciono lo siguiente: “Una mujer con marido pasa contenta, estas viejas no tienen novio, alguien que las aterrice, que les de cariño. Porque cuando uno le dan cariño no anda con ganas de andar insultando a nadie”[3] Si aplicamos esta lógica entonces los asesinos a sangre fría de Silvia Izaguirre querían “otorgarle cariño”.

Nos afrontamos a una realidad, que los medios de comunicación que influyen sobre la opinión pública, genera una perpetuidad a este discurso misógino, discurso que históricamente ha marcado la prensa en Honduras. Como ejemplo a principios del siglo XX, en la Revista “Tegucigalpa” se publicaba un apartado llamado las Cartas al Terruño, las cuales a gran escala eran una mediación de un escritor sobre la búsqueda de los ideales de como tenía que ser la sociedad capitalina.

 Cartas que tiene particularmente una forma de referirse a la mujer y es en dos vías: la primera, hacia una sociedad dominante situando en este grupo a la concepción de dama aristocrática la cual tiene que ser respetada, por su posición de poder; la segunda atacar con el brazo frio de la palabra a la mujer “común” y cito textualmente un altercado al cual escritor pone mucho énfasis:
… “Me refiero al a crueldad de ciertas madres, al salvajismo de muchas mujeres del pueblo que, incultas y perversas, sacian sus felinos instintos en esos pequeños seres, candorosos e indefensos, que doblegan sus tiernas cabecitas al golpe rudo del azote o el palo vengador de faltas pueriles.
Cuando oigo llorar una criatura, cuando veo su endeble cuerpecito retorcerse, en un inútil afán de defensa, ante la cruel amenaza del látigo que enarbola la mano de una madre implacable, pienso que dios, que ama tanto a los niños, no funde un rayo en  el espacio y lo avienta a calcinar las entrañas de esas hienas”[4]

A final de la carta, el autor expone como fue el agravio hacia el niño, pero considerando la época, la falta de acceso a oportunidades sociales y educativas me parece un reflejo de una Tegucigalpa socavada por desigualdad y diferentes problemas sociales. La pregunta fundamental es ¿Por qué tendría que morir por un rayo de dios? Ante tal asunto, ¿Por qué la comparación entre la mujer y animales? ¿Por qué generar un mensaje de odio? Sabiendo que podría buscar rutas políticamente correctas. ¿Y si el hombre hubiese dado la paliza al niño? ¿La nota sería igual de ofensiva? Que la anterior.
El otro ejemplo menos radical de las Cartas al Terruño es el siguiente:
“Tal vez recuerdas tú el delirio que despertó en nuestras damas jóvenes y en algunas que no lo eran. El uso de aquellos trajes maneados, que tenían el mérito de proporcionar a la escrutada pupila masculina la oportunidad de haber un estudio estético de la estructura corporal de quienes con tanto donaire los lucían…”[5]

Sin duda el texto nos antepone un escritor y un lector que de antemano nos suavizan un lenguaje sexista adornado con palabras llenas de “sutileza” ocultando lo evidente. Llevando a todo una plenaria que concluiría con el siguiente párrafo:
“Esto en cuanto a trajes se refiere. En el género bailable se ha progresado mucho, si progreso puede llamarse la introducción a nuestros salones de las figuras insinuantes del danzón pampero o de los giros provocativos de esos lánguidos one-steps o de los ondulantes foxtrot, que hacen del delicioso cuerpo femenino una serpentina cálida y vibrante”…[6]
En ambas citas se repite dos términos generales a los que fue relegada la mujer, el primero la violencia cuando no cumplía las “normas” aceptables para la sociedad de ese momento, y el segundo como objeto sexual, en las cuales ambas nos aluden inmediatamente a que clase social pertenecían cada una de las mujeres.

A 100 años de estas Cartas al Terruño pareciera que estamos ante la misma sociedad Tegucigalpense de 1918, donde aceptamos con normalidad la violencia sexual, pero nos horroriza cualquier forma de independencia femenina.

El caso de Silvia Izaguirre es parecido al de Ricci Mabel, dejando al descubierto que ser mujer en Honduras es un delito social, que se paga con la impunidad y el olvido. En el 2017 se reportaron 987 víctimas de diferentes formas de violencia, mujeres en una edad promedio de 16 a 24 años[7].

Según el CEDIJ, se reportan más de 20 mil casos de violencia doméstica y un promedio del 17% de lesiones y violaciones.[8] Solo en el 2017 hubieron 178 casos de violación sexual o estupro y un numero de 13 muertes violentas con signos de violación sexual.[9]




Qué clase de sociedad es la hondureña, suelo pensar en las palabras de un colega amigo mío, que los hondureños somos montunos pueblerinos sin remedio, que después de unos cuentos tragos de yuscaran, nos dirigimos a nuestras casas a golpear a nuestrxs hijxs y violar a nuestras mujeres.

"Hacemos maniobras con el tiempo
ligadas a esta inercia
que llamamos vida
porque siendo mujeres
tenemos que aceptarlo
porque son leyes para mujeres
hechas por hombres
¿qué más nos da?"
(Fragmento, Nosotras: esos sujetos.
Juana Pavón)




Texto Melissa Pastrana: Ilustraciones: Daniel Valladares @cuyo003


[1] http://www.latribuna.hn/2018/04/02/silvia-vanessa-amaba-la-vida-prefirio-perderla-ultrajada/
[2] Uno de los medios de comunicación con mayor audiencia en Honduras
[3] https://www.youtube.com/watch?v=9cH5WDcXWOQ

[4] Revista Tegucigalpa, 1918 n. 72 pág. 51 AGH
[5] Revista tegucgialpa. 1918 n. 77 pag. 56
[6] Ídem
[7] Boletín especial, UNAH, marzo 2018, N. 60. IUDPAS
[8] http://www.resumenlatinoamericano.org/2017/10/06/honduras-violencia-contra-las-mujeres-alcanza-nivel-epidemico/
[9] Estadísticas Centro de derechos de la mujer (CDM) http://derechosdelamujer.org/project/2017/
10

Comentarios

Entradas populares de este blog

Sobre los estudiantes

Essence of the River, a proposal by the collective Memorias del Río

Tiempo